Tus Ojos

Francisco Rodríguez Bergali – http://www.astroilusion.es

 

DESCUBRIR EL CIELO SIN AYUDA ÓPTICA

Vía LacteaEl cielo puede observarse sin ayuda óptica alguna, sólo sirviéndonos de nuestros ojos. La maravilla de observar un amanecer en la montaña o un atardecer en la orilla del mar se la debemos a una perfecta conexión entre la luz que recibimos, nuestros ojos y nuestro cerebro. No digamos ya el espectáculo que nos ofrece el firmamento estrellado. La afición por la Astronomía viene muchas veces de la simple observación del cielo. Ya sea desde cielos oscuros alejados de núcleos urbanos o, no son pocas las veces, desde las azoteas de nuestros edificios residenciales.

Con nuestros ojos podremos ir siguiendo las fases de la Luna día a día, desde la luz cenicienta que nos ofrece cuando apenas brilla con un pequeño creciente hasta la Luna Llena. Incluso un eclipse lunar es un espectáculo que puede disfrutarse perfectamente sólo con nuestros ojos.

El Sol también lo podríamos observar pero para ello necesitaríamos una serie de absolutamente necesarias precauciones para evitar cualquier daño a nuestros ojos, incluso las típicas gafas que se venden para la observación de un eclipse solar han de ser utilizadas con mucha precaución.

No necesitaremos tampoco ayuda óptica para distinguir los planetas de las estrellas. Su brillo característico sin titilar las diferencia de las estrellas. Podremos dibujar y seguir el movimiento aparente de los mismos a lo largo de la esfera celeste, igual que hacían los astrónomos de la época pretelescópica y con cuyas observaciones nos mostraron un nuevo Sistema Solar. Siempre resulta emocionante observar a los planetas gigantes Júpiter, Saturno, el rojizo Marte, el esquivo Mercurio y, por supuesto, el fulgurante brillo que nunca decepciona del planeta Venus.

Noche en cielo de verano
Imagen de la Vía Láctea en la zona de Sagitario. Arriba y a la izquierda el planeta Saturno.

Todo lo anterior podemos observarlo desde las ciudades pero si podemos disfrutar de unos cielos oscuros, no nos olvidemos de la espectacular vista que nos ofrece la Vía Láctea. Su observación en las noches veraniegas es todo un espectáculo para los sentidos, especialmente cuando atraviesa las constelaciones del Cisne, el Águila, el Escudo y Sagitario entre otras. Tampoco en invierno defrauda en absoluto.

Nuestros ojos también permitirán observar lluvias de meteoros, meteoros muy brillantes (los que conocemos como bólidos) y aquellos cometas brillantes que, inesperadamente, surquen nuestro cielo. Incluso desde ciudades poco contaminadas lumínicamente podremos observar los cambios de brillo de las estrellas variables más brillantes; alguna estrella doble muy separada o algunos objetos llamados de cielo profundo, como pueden ser las Pléyades o la zona de la Nebulosa de Orión.

Y sin ser objetos celestes el cielo aún nos puede ofrecer fenómenos ópticos de mucho interés, el paso de satélites artificiales, el de la estación espacial o los destellos de los conocidos como satélites Iridium.

El cielo nos ofrece muchísimas maravillas que no debemos perder la oportunidad de observar ni de conocer. Su observación no defrauda y que mejor manera que usando para ello nuestros propios ojos. ¡Descubre el Universo!

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